- Te escucho cuando te levantas de madrugada, por qué no te podes dormir?
- Por la misma razón que vos te encerrás en ese cuarto a escribir.
lunes, 5 de abril de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
la ciudad despelleja corazones.
30 cuadras bajo la lluvia
algunas gotas cayeron donde solían estar mis ojos
otras sobre mis manos cansadas
recorren mis venas y terminan en el piso.
es difícil creer en el alma
cuando estas parado en una esquina
y no hay nadie que te espere
en ningún lado.
inunda todo esto
es demasiado para mi
y para mi cuerpo
y para el alma que no se si tengo.
no dejes que vomite mi corazón.
algunas gotas cayeron donde solían estar mis ojos
otras sobre mis manos cansadas
recorren mis venas y terminan en el piso.
es difícil creer en el alma
cuando estas parado en una esquina
y no hay nadie que te espere
en ningún lado.
inunda todo esto
es demasiado para mi
y para mi cuerpo
y para el alma que no se si tengo.
no dejes que vomite mi corazón.
viernes, 12 de marzo de 2010
de gatos y muerte.
Hoy vi un gato negro muerto en la calle, aplastado y desfigurado por la carga y la mala suerte. Apenas se notaba su cinta roja en el cuello. Era difícil imaginarse que alguna su corazón latio.
Quizás fue de esos que ronronean cuando te ven y se mezclan en tus piernas buscando caricias. Quizás fue de los que rasguñan apenas los acaricias y se escapan todo el tiempo, o de los abandonados en la calle.
De cualquier forma hubiese terminado igual.
Quizás fue de esos que ronronean cuando te ven y se mezclan en tus piernas buscando caricias. Quizás fue de los que rasguñan apenas los acaricias y se escapan todo el tiempo, o de los abandonados en la calle.
De cualquier forma hubiese terminado igual.
jueves, 11 de marzo de 2010
ni un solo camino, ni uno solo.
Camine quince o cien cuadras mientras fumaba un porro para calmar el dolor al respirar.
Los caminos nunca existieron, ¿el entorno alguna vez importo?
Un pensamiento atropello mi corazón; la soledad me acompañaría a cada segundo en cada lugar.
Cuando la botella se acaba, cuando le das el ultimo beso a esa tuca que apuro las horas inútiles que algún dios puso ahí para que malgastesmos y suframos. Cuando todos se van a dormir, es ahí donde los fantasmas viven, y es ahí donde los valientes luchan. Yo no soy uno de ellos.
Los caminos nunca existieron, ¿el entorno alguna vez importo?
Un pensamiento atropello mi corazón; la soledad me acompañaría a cada segundo en cada lugar.
Cuando la botella se acaba, cuando le das el ultimo beso a esa tuca que apuro las horas inútiles que algún dios puso ahí para que malgastesmos y suframos. Cuando todos se van a dormir, es ahí donde los fantasmas viven, y es ahí donde los valientes luchan. Yo no soy uno de ellos.
no solo un sueño.
Una vez soné con ser un perdedor, me desperté al mediodía me mire al espejo y me di cuenta que lo había logrado. Algo en mis ojos había cambiado, algo sutilmente grotesco, estaban curtidos por la ausencia de esperanza, por la perdida del todo.
Con el tiempo comencé a notar que las personas se alejaban de mi, me miraban con miedo o desprecio, les resultaba incomodo y repugnante.
Pese a todo me sentía cómodo al ser rechazado, ellos me odiaban, me despreciaban, pero ya no formaba parte. Me convertí en un fracasado marginal, pero seguía sintiendo el mismo peso de la vida en mi espalda, y los gritos todavía seguían resonando en mi cabeza.
Con el tiempo comencé a notar que las personas se alejaban de mi, me miraban con miedo o desprecio, les resultaba incomodo y repugnante.
Pese a todo me sentía cómodo al ser rechazado, ellos me odiaban, me despreciaban, pero ya no formaba parte. Me convertí en un fracasado marginal, pero seguía sintiendo el mismo peso de la vida en mi espalda, y los gritos todavía seguían resonando en mi cabeza.
miércoles, 10 de marzo de 2010
se que no.
Algo esta mal a la semana que no te levantas de la cama. Las persianas están lo suficientemente bajas como para que apenas puedas ver el basural que se formo a tu alrededor. Y si no te acordás que hiciste estos días busca en el piso: botellas vacías con la etiqueta mojada despegándose, vasos rotos llenos de cenizas, cartas manchadas y la marca de sangre de un corazón que se arrastro hasta la ventana para suicidarse pero que ni eso logro.
martes, 9 de marzo de 2010
la mente de un hombre puede ser un manicomio en llamas.
No recuerdo cual fue el día, tampoco recuerdo como me sentía antes. Simplemente di un paso al costado, rechace todo e hice lo posible para que todo me rechazara. Dios sabrá porque un hombre puede odiarse tanto o ser tan idiota. Me había agotado, mis esperanzas se habían secado, ya no podía seguir siendo YO, era demasiado difícil seguirle el ritmo a la vida que se supone hay que tener.
Me di cuenta que estaba afuera cuando el teléfono dejo de sonar para siempre y comenzaron a rechazarme hasta de los peores laburos. Ya no encajaba y eso de alguna forma me hacia sentir orgulloso. Odiaba pensar que podía ser igual que esa multitud sentada a mi alrededor, esperando por un laburo que terminara de matarlos. Cada vez que entraba en las siniestras salas de espera comenzaba a transpirar, sentía el aliento frió de la muerte acercarse al ritmo de las agujas del reloj. No importaba que hora marcaban, yo siempre veía que era demasiado tarde para todo.
Después de estar días encerrado en mi cuarto era conciente de mi mal aspecto, pero sabia que ese no era el motivo, era mi cara, quiero decir que no podía ocultar lo miserable que me sentía de estar ahí, acá, en este mundo, era lo mismo. Evidentemente no podía caretearla, o simplemente ya no quería, el asco y el desinterés por todo se reflejaban en mis ojos.
Me di cuenta que estaba afuera cuando el teléfono dejo de sonar para siempre y comenzaron a rechazarme hasta de los peores laburos. Ya no encajaba y eso de alguna forma me hacia sentir orgulloso. Odiaba pensar que podía ser igual que esa multitud sentada a mi alrededor, esperando por un laburo que terminara de matarlos. Cada vez que entraba en las siniestras salas de espera comenzaba a transpirar, sentía el aliento frió de la muerte acercarse al ritmo de las agujas del reloj. No importaba que hora marcaban, yo siempre veía que era demasiado tarde para todo.
Después de estar días encerrado en mi cuarto era conciente de mi mal aspecto, pero sabia que ese no era el motivo, era mi cara, quiero decir que no podía ocultar lo miserable que me sentía de estar ahí, acá, en este mundo, era lo mismo. Evidentemente no podía caretearla, o simplemente ya no quería, el asco y el desinterés por todo se reflejaban en mis ojos.
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